Hace años que el alzheimer le va robando poco a poco la memoria a mi madre. Pausada y lentamente.
Al principio no importa nada, sólo con cuidar de que ella no se diera cuenta de que nosotros no nos creíamos sus excusas para lo que le decíamos despistes, valía.
Luego fue peor, pero tampoco tanto. Simplemente hacer las cosas e ingeniarnoslas para que pensara que era idea suya, o que lo había hecho ella. La de veces que me he quedado pensando en como hacer por ejemplo que fuese a la peluquería sin que se molestase por decirle que llevaba el pelo mal, o hacer yo la comida pero fingiendo que aprendía de ella "ahora sofrío la cebolla ¿verdad?" o cuando le dio por no ducharse. Sólo yo lograba sin alterarla que se duchase, eso sí yo dentro con ella fingiendo que no me había duchado todavía.
Recuerdo con gracia ese sábado en el que subí a verlos - mi padre estaba enfermo y ya no podían venir-me dice mi hija que allí estuvo viviendo para cuidar a mi padre que se rendía, que intentara yo bañarla porque se ponía a chillar como si la degollasen al igual que con mi hermana. Recuerdo que pensé en cómo me las arreglaría allí que yo no podía meterme con ella en la bañera. Pero así, poco a poco y charlando, charlando al final logré que entrara en la bañera de agua calentita. Y recuerdo la cara pasmada de mi hermana la verla incrédula feliz mientras le lavaba el pelo. Pero encima ahí no acabó la cosa, una vez limpia, seca y vestida, bajamos al cuarto donde mi padre descansaba y allí delante de mi hija y hermana ni corta ni perezosa le dice a mi padre:"¡Ay Antonio! Menos mal que ha venido la nena y me ha bañado porque ya lo necesitaba sobre todo el pelo y nadie me hacía caso" Las caras de mi hermana y mi hija eran todo un poema.
Y así muchas cosas, costosas y en tiempo y en ingenio pero siempre saliendo bien del paso.
Al morir mi padre empeoró claro. Pero aún así supimos amoldarnos. Empezaron sus locuras infantiles. Su querer ligar, sus historias inventadas, su quitarse años. Una vez hablando ella con un amigo de mi hermana que había venido a comer con nosotras, le pregunta de pronto "¿cuántos años tienes?"- "treinta y tres" contesta el chico. "Anda, los mismos que yo"- le contesta mi madre tan campante. Y a mí me da por abrazarla feliz y decirle que con razón está más guapa que yo. Y estas pequeñas cosas nos gustaban más que nada porque con ello confirmábamos nuestra fe y convencimiento de que ella era feliz.
Nunca nos avergonzamos de esas locuras. Al que le guste bien y al que no le guste "ahí está la puerta" . Mi madre bailaba en las pequeñas fiestas que mi hermana montaba en su acogedor patio, y allí no decía ni palabra ni el cantante contratado, ni nadie. Faltaría más. Y allí estaba con nosotros como uno más en cada fiesta, en cada comida, en cada cena.
Y cantaba mucho, le encantaba como toda su vida le gustó este arte para el que digo y mantengo que estaba dotada. La aplaudíamos y la alabábamos, cantábamos con ella. La música, las canciones tan cerca siempre. Si la veíamos tristecita, mi hermana sabía el truco que ella había aprendido: poner sus canciones preferidas y animarla a cantar. Y justo, cuando empezaba a cantar le volvía la alegría.
También recitaba, pues los poemas fue algo que tardó mucho en olvidar. Y encima lo seguía haciendo como toda su vida, con una perfección y sentimiento que ya quisieran muchos. Así que por supuesto que la animábamos, pero es que aunque nadie lo crea, disfrutábamos con ella, recitaba de maravilla.
Y cuando empezó ya a hablar con la tele, pues nada a improvisar según el giro que tomaran las cosas "que sí mamá que esa mujer va mal muy peinada" "pues sí mamá ese es tonto", o si sufría "sólo es una película mamá" y se cambiaba de canal.
Después llegó el día en que de vez en cuando tenía frases incomprensibles. Le dábamos la razón aun sin saber que había dicho. Y la escuchábamos. Y cuando decía algo coherente enseguida procurábamos contestar para ver si conseguíamos que siguiera una conversación, pero no, ya no, eso fue mucho antes. Más pronto que tarde decía una frase incoherente o sin sentido.
Pero aun así ella era feliz. Con eso nos basaba. Canturreaba, lo veía todo bonito. Pues esa frase era la frase que solía decir con una sonrisa "¡Ay, que bonito! Era feliz.
Pero una mañana, a pesar de haberse acostado como siempre, cuando mi hermana fue como cada mañana a ayudarla a levantarse, la encontró totalmente ida. No hablaba, no se esforzaba para levantarse y no parecía entender absolutamente nada. Mi pobre hermana lo pasó fatal ese día, fatal. Pues no sólo fue algo que de tan brusco habría asustado a cualquiera, es que tuvo la mala suerte de no encontrar a nadie ese día de la familia. Sólo logró hablar con el médico que cuando la vio, tranquilizó a mi hermana y le dio ánimos dentro de lo que se puede en casos así. Al parecer un cambio tan brusco, en vez de como hasta entonces fue: paulatino, no era anormal. A veces pasa. Y según me contó luego hasta buenos consejos le dio que por cierto alguno sé que ella no hará.
Ese cambio, por brusco, fue el más duro. En ese no hubo un poco a poco. Desde el día de Reyes mi madre no se ha vuelto a levantar de la cama. Hay que darle la comida y hay que moverla para limpiarla y asearla.
Pero todavía quedaba algo que nos daba fuerzas. Su alegría al vernos en los momentos en los que no está como adormilada. Se mueve, pero no parece saber que pasa a su alrededor con sus ojos cerrados. Esa alegría que le da cuando está despejada. Se le nota porque se ríe, porque se aprieta el pecho con los brazos o los alza para que la abracemos. Esas frases o palabras que de vez en cuando nos dice. Nunca olvidaré ese "eres la meua chiqueta" - eres mi niñita - que me emocionó tanto pues al menos en ese momento sí me reconoció. En otros no sé. Quizás sólo se alegre porque sabe que somos algo suyo, algo importante pero sin saber qué, pero esa frase, en ese instante supo que era yo. Y me gustaba su "que guapeta eres" - que guapa que eres- . Su acariciarme la cara con la mano con un "preciosa" - a veces utilizaba el catalán y otras el castellano - que yo sé que se esforzó en pronunciar, pues se notaba, pero lo consiguió y se notó su alegría pues empezó a reír con fuerza, su agarrarme fuerte en ese abrazo al que ahora ya tengo que ser yo sola quien lo busque inclinándome hasta agarrarla pues ella no se puede incorporar.
La vez anterior a hoy sólo una de las veces en que la abracé me dijo algo. Una sola palabra, pero me bastó. Me dijo: "bonita" y lo dijo con una cara de auténtico sentimiento. Con esa fuerza de cariño que siempre tuvo mi madre. Toda su vida. Es inconfundible ese mirar, ese sentimiento tan suyo.
Hoy ha estado adormilada, y cuando la fin la encuentro espabilada, veo su cara de alegría, y me acerco hasta encontrarme en su pecho, la levanto un poco para poder abrazarla y ella también logra abrazarme a mí. Pero esta vez no ha sido capaz de decir nada. Hoy sólo ha salido de su garganta un gemido que al cielo ruego que no haya sido de verse incapaz de hablar. Ha sido una abrazo largo, luego mil besos, mil palabras de cariño hasta que contemplo que ha vuelto a perderse en su mundo en el que parece no haber nada. Me guardo las lágrimas. Por si hay alguna posibilidad de que se entere, no quiero que me vea llorar. Me da igual que digan que de nada se da cuenta. Lloro cuando llego a casa. Y sigo llorando hasta que comprendo que tengo que desahogar mi pena como sea. Son las tres de la madrugada. Mi blog me escuchará.
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17 pintaron con sus colores:
Maldito, sí, que nos arrebata lo que más queremos, cambiándolo por una versión distinta que aún seguimos queriendo...
Has tenido palabras luminosas para describir una situación sombría. Hay grandes dosis de alegría y sonrisas en las emociones que compartes con tu blog y con tus lectores.
besos
Mi querida Sibe.Me emocionaste muchísimo.
Mi amado papá tuvo lo mismo y muy parecido así que te voy a comentar lo que más me pegó.
Estos enfermos mantienen su carácter aún después del maldito pero como es neurológico, por ahí tienen esos arranques.Mi padre un santo, siempre.
Ellos necesitan abrazos, piel,paciencia, por eso lo tuyo es lo que tu mamá necesita.
Todos nos decían que viven en otro mundo,NO! mi papá se emocionó dos veces con lágrimas al verme:una,cdo volví a casa,tras 4 meses de internación mía por embarazo y otra cdo lo esperé sola a la salida del quirófano.También sintió dolores cdo se lo forzó en camillas,o se le apoyó una baranda en su pierna encogida y gritó.
Yo siempre lo traté con amor,como a un bebé y él se daba cuenta, le gustaba.
Claro que dan trabajo, pasan por etapas hasta llegar a ser una personita que hay que "cargar y descargar".
En 1990 en Arg.no se sabía del innombrable, lo trataban como demencia senil común.Mi hna y yo acertamos con los síntomas en un diario Clarín y guiábamos a los médicos.
amala, perdón no puedo seguir.
Un beso a las dos
Gracias Raindrop. Siempre tienes hermosas palabras para mí. Y sí, en este punto al menos en que está mi madre, maldito, maldito.
Un beso
Agradezco "Mónica" que a pesar del dolor de recordar me hayas contado tu experiencia. Saber que lo que hago no es sólo cosa mía. Que también hay gente que cree que estos enfermos si agradecen los abrazos, los besos, la ternura. Yo así lo siento cada vez que la abrazo. Siento que la hago feliz.
Gracias.
Horrible y despiadada enfermedad, lamento profundamente el dolor que sufren las personas que quieren a esas personas enfermas que parecen ajenas a todo, incluida su propia vida. Un acto de valentía compartirlo.
Te deseo toda la fuerza para sobrellevarlo.
Gracias Sergio por tu apoyo.
Àmala . No puedes hacer otra cosa.
Mi abuela tuvo lo mismo. Y tuve que finjir ser mi padre, o mi tìo, innumerables veces.
Pero la veìa feliz, y eso era lo importante.
Es una prueba de Dios, esta horrible enfermedad. Ten fuerzas.
Un abrazo.
Ohh Sibe, sè de que hablas, estoy pasando por lo mismo con mi padre, te entiendo y te acompaño.
Un abrazo querida, acà estoy.
Maravilloso lo que estas haciendo La vida te lo devolverá con montones.Feliz que la tienes aun y puedes mirarla
un beso
... y yo...
Feliz de volver a verte
Gaucho Te comprendo. Mi madre confundía y hacía una mezcla entre mi padre y el suyo.
Gracias por el apoyo.
Vacaciones en Roma Vaya tú también. Estas cosas hacen que no me sienta tan injustamente castigada. Gracias amiga.
Recomenzar Supongo que tienes razón.
Gracias por tus palabras.
Feliz yo también de volver a verte.
Mi niña... que dolor.. y que duro.. que la vida nos lleve por caminos que no queremos ni pisar, ni sabes..
tu estas luchando y siendo valiente y aunque no lo seas da igual, la vida te arrastra...
y te arrastra y obliga a límites que son a veces insoportables..
me alegro de tu vuelta, yo tambien te echaba de menos y eso es cierto... mucho... me agrada que estes y vuelvas..
Un beso muy muy muy pero que muy fuerte.
Estrella Yo también me alegro de volver y saber de ti. Gracias
La primera vez,que veo tu blog & me encantó de verdad.Es precioso, INCREÍBLE entrada,yo también tengo así a mis dos abuelos,pero no queda otra,que aguantarlo,es una enfermedad,que no se cura :S Te sigo, pásate siempre que quieras,tu firma siempre estará bien recibida :D
Gracias por tus palabras Regalame
Me pasaré a leerte
Cuando pienso en los problemas que genera esta enfermedad, creo que si me tocara a mí, prefería quitarme de enmedio.Un día estuve en una residencia de ancianos y vi casos que me deprimieron por completo.
Paciencia y ánimo.
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